5.8% de las PyMEs mexicanas usa IA en su operación central. El resto compró licencias que nadie abre.
El problema no es adoptar inteligencia artificial. Es por qué casi nadie convierte esa compra en utilidad.

La estadística se repite en cada reporte: solo una fracción mínima de las pequeñas y medianas empresas en México tiene inteligencia artificial integrada en su operación central. La mayoría compró una licencia, corrió un piloto y volvió a trabajar igual que antes. La conclusión cómoda es 'les faltó capacitación'. La conclusión real es otra.
La teoría TICE lo llama trampa de déficit de infraestructura cognitiva: poca infraestructura produce baja productividad, la baja productividad deja pocos recursos, y los pocos recursos impiden invertir en infraestructura. El sistema se queda atorado debajo de un umbral. Por eso las intervenciones pequeñas —un curso, una herramienta suelta, un consultor por horas— no funcionan: no alcanzan a cruzar ese umbral.
Salir de la trampa no se logra acumulando software. Se logra con un empujón concentrado que instale las cinco funciones de decisión —capturar, procesar, recomendar, ejecutar y ajustar— como un sistema que opera solo. La IA no es el producto; es el motor de esa infraestructura. Comprar la herramienta sin instalar la infraestructura es pagar por un coche y dejarlo sin carretera.