Todas las empresas abrazan la IA, pero pocas saben qué hacer con ella
EL PAÍS pone nombre al problema que ningún director quiere admitir en público: la confusión estratégica es generalizada
Pocas frases describen mejor el momento actual que el título del análisis de EL PAÍS: '¿Y ahora qué hago con la IA? Todas las empresas se abrazan al futuro, pero pocas saben qué hacer con él.' La presión viene de todos lados —consejos de administración, competidores, proveedores, clientes— pero la claridad estratégica brilla por su ausencia en la mayoría de organizaciones.
El problema no es falta de información. Es exceso de oferta sin criterio de selección. Hay cientos de herramientas, decenas de consultores y una narrativa constante que dice que quien no se mueva hoy quedará fuera. Esa presión genera decisiones reactivas: se contrata una herramienta, se anuncia internamente y se espera que algo cambie solo.
El antídoto es desordenadamente simple: antes de elegir cualquier tecnología, definir qué problema de negocio concreto se quiere resolver. No 'ser más eficiente' o 'digitalizar procesos', sino un problema específico con un costo medible. Ese punto de partida es la diferencia entre una implementación que escala y una que se archiva.